| DIGNAS MUJERES |
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| Escrito por Byron Tejeda |
| Miércoles 01 de Abril de 2009 05:26 |
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Dignas mujeres Semana del 23 al 27 de marzo de 2009. Autor: Elgi Walter Boteo García tel. 5927-1345
En nuestro medio hay mujeres ilustres que se han ganado el reconocimiento de la ciudadanía en diversos campos del quehacer humano, la docencia, la literatura, del deporte, la pintura, la música, la filantropía y la religión. En eso no hay duda, las mujeres salamatecas son especiales por su belleza física, su carácter, sus valores y su inteligencia. Pero para la historia es pertinente hacer un apartado a algunas damas de nuestra sociedad que han hecho historia por su extraordinario aporte a su familia y a la sociedad. Tomemos el caso de doña Rosita Prera Milián que con un vigor y energía envidiable sacó adelante a sus hijos administrando y trabajando a le vez de forma dura e incansable en su Tienda y Panadería San Vicente, en calle de la estación esquina opuesta a lo que actualmente es La Posada de Don Maco. Ya lo hemos dicho en otra publicación que doña Rosita tenía dos religiones, la católica y la de siempre el revolver Smith and Wesson en la bolsa de su infaltable delantal o bajo la almohada cuando luego de las plegarias nocturnas, cansada por un día de trabajo extenuante se rendía en los suaves brazos de Morfeo. Su tienda era punto indispensable para comprar abarrotes y para los caballeros para degustar unas cervezas. Pero nadie osaba portarse mal cuando los zumos del alcohol habían atontado a los parroquianos, pues seguros estaban que doña Rosita no se andaba con chiquitas cuando de manguerear a un bolo malcriado se trataba. Además decía unos refranes muy sabios pero que si alguien quiere saberlos mejor se los decimos oralmente, en alguna ocasión un norteamericano a quien se los contó un amigo por poco se le revientan las venas del cuello de tanta risa por lo expresivo del dicho. Además de tienda era una panadería que surtía a tantos hogares salamatecos. No era prudente provocar la ira de doña Rosita Prera Milián que era de las personas “sin pelos en la lengua” para arrojarle sus verdades a cualquiera.
Doña Rosa Carlota Chavarría era prototipo de la mujer salamateca, en su juventud fue sobresaliente jugadora de basquet bol y cuando se fue de este mundo había acumulado un patrimonio considerable luego de quizá de más de medio siglo de trabajo incansable. Fue propietaria de un almacén ubicado en donde hoy está Centro Eléctrico Musical y donde vendía ropa, calzado, telas y una gran variedad de artículos. Pero antes de eso ya había tenido pequeños negocios de granos básicos en el mercado municipal, que antes estaba ubicado en donde hoy está el Salón Municipal. Pocas mujeres bajaverapacenses fueron tan conocidas a nivel nacional como le fue doña Lota Juarez. Si uno decía que era salamateco en cualquier lugar del país inmediatamente le mencionaban a doña Lota, cuyo Hotel Juarez en todo el país era conocido como La Casa de La Cultura. Doña Lota también era de armas tomar y no se andaba por las ramas cuando de decirle lo que tenía que decirle a cualquiera. Doña Lota realizó una silenciosa labor moralizadora en su elegante hotel, sin ponerse a predicar en la plaza pública, o escribir extensos o sesudos tratados sobre la fidelidad o hizo una gran labor cumpliendo aquello de “ Para cada Oveja una sola pareja”, pues si una dama y un caballero llegaban a hospedarse a su hotel primero tenían que pasar la prueba del Agua regia, como se le hace al oro. Quizá el caballero llegaba con una expresión de gato goloso, relamiéndose los labios y los bigotes, viendo a la dama que le acompañaba, pero si no era su esposa, el sueño allí terminaba porque doña Lota con una mirada severa decía:__Quiero ver las cédulas de los dos. Si comprobaba que no eran casados les endilgaba un discurso moralizador tan convincente como no se había escuchado desde los tiempos del patriarca Moises. Los susodichos se iban reflexionando sobre que lo mejor era portarse bien, luego de oír la perorata de doña Lota Juarez. Con esta restricción a parejas descarriadas que llegaban a su hotel hizo más por prevenir el SIDA que muchos científicos unidos en conciliábulos académicos entre probetas y fórmulas por lo que bien le podrían haber dado el Premio Nobel de Medicina. Doña Eulalia Ortíz, doña Lala, otro orgullo del prototipo de mujer salamateca, también nació con la estrella de Gran Luchadora Por La Vida, en la frente hizo florecer negocios de diversa índole. Su cantina Las Quince Letras, fue legendaria. Cuantos caballeros con el corazón destrozado fueron a ese lugar a ahogar sus penas en el licor, aunque estas penas fueron tan listas que nunca se ahogaban porque aprendieron a nadar en el guaro. En la vieja rocola ponían una y otra vez “Como un Rayito de Luna” con los Dandys o en décadas más recientes resonaba en sus mentes la letra de canciones de Leonardo Favio. “..Hoy la vi, fue casualidad, yo le quiso hablar, me dijo que no, que otra vez será, como olvidar tu pelo, como olvidar tus ojos…” ó “ Hoy corté una flor y llovía, llovía, esperando a mi amor…”. Tampoco es fácil olvidar a los elegantes loros de doña Lala, que cuando los parroquianos se alejaban mucho del grupo y se acercaban a las cajas de licor y cerveza apìladas en el corredor, gritaban en coro:__”Lala se están güeviando el guaro” Y doña Lala se asomaba a la puerta con una manguera en la mano. Era suficiente eso para que los bolitos mál portados enmendaran su conducta . Quizá por medio siglo o más doña Lala aperó desde su almacén a los hogares de toda clase de muebles y aparatos. Fueron muchos los novios que en vísperas de casarse fueron a comprar la cama matrimonial donde la noche de bodas harían con su ya esposa, un viaje de la tierra al paraíso. Gracias a doña Lala en múltiples casas quedaron pelones los clavos donde colgaban la ropa para acomodarla en elegantes roperos con olor a bolitas de naftalina y de uno o dos espejos ¿O lunas? O donde las niñas de trece años en adelante se miraban por largas horas localizando espinillas, pero más que todo sorprendidas por cambios en sus núbiles cuerpos. ¿Preguntarían alguna vez como en el cuento de Blanca Nieves:__¿Espejito, espejito? O quisieron comprobar si era cierto lo que les envío a decir el novio en un papelito:___”Tu eres la mujer más linda, más bella del mundo?. Luego se iban a su cuerto a dormir acompañadas de mil ilusiones. Radios, planchas, televisores, amueblados de cocina eran comprados a plazos donde doña Lala, quien para pena de licenciados y masters en administración de negocios sólo tenía un desvencijado libro para anotar a sus deudores. Y con esto más. Ella les decía cuando le llegaban a abonar__Apuntese alli usted mismo mijo. Mayor prueba de confianza en la honradez del ser humano no puede hallarse. Se comprueba que su sistema de administración era efectivo por el patrimonio que dejó al morir. Inclusive vendía ataúdes o se las “Ultimos tacuches que el hombre lucirá” la noche que en buen decir salamateco a uno “Lo van a pocarear” por la inveterada costumbre de jugar pokar en la noche del velorio. Al igual que las otras honorables damas que hemos mencionado, doña Lala era de armas tomar y no podría haber nadie más imprudente que quien provocara su cólera.
¿ Quien no degustó las deliciosas enchiladas, tacos, granizadas y ponches de doña Licha Juarez?. Sería un mal salamateco el que no lo hubiera hecho. En época de verano, especialmente en la Semana Mayor una granizada de doña Licha era un bálsamo maravilloso para mitigar el calor. Sus ponches tampoco pueden borrarse de la memoria del paladar. Quien no conversó con amigos o seres queridos disfrutando de sus tacos y enchiladas? Doña Licha murió a una avanzada edad, precisamente para una semana santa. Quizá decidió marcharse en esa fecha recordando sus esfuerzos de más de medio siglo sin faltar una sola feria de Salamá, de San Ignacio, Las Anonas, San Miguel, San Jerónimo y otros lugares más poniéndole el sabor salamateco a cada una de esas actividades. Y se fue para Semana Santa precisamente para remarcar que a Semana Mayor en Salamá le falta algo, en relación a los platillos vernáculos, si ella no está. Doña Licha al igual que sus homologas anteriores tenía a flor de labios una soberana regañada si alguien la provocaba, al igual que ellas también era admirable por su energía para trabajar, Murió preocupada por organizar sus ventas de siempre.
Estas admirables mujeres tuvieron como sello especial el hecho haber sacado adelante sus hogares y empresas solas y de haberlo hecho bien. Con dedicación, esfuerzo y honradez. Es decir su misión la hicieron bien hecha. Sacaron adelante a su familia sin siquiera quejarse, con una salud envidiable, por lo largos años que vivieron y si bien eran de carácter fuerte eran caritativas y nobles. Así como ellas hay cientos de salamatecas más, nuestro reconocimiento para ellas. No cabe duda que doña Rosa Prera Miliàn, doña Rosa Carlora Juarez, Doña Eulalia Ortíz y Doña Licha Juarez murieron como quien dice: Al pie del cañón. En el más allá quizá se reunan y filosofen tranquilamente en el mundo celeste sobre lo inútil que es quejarse de los problemas y que por el contrario: “Mejor es echarle ganas” como dicen los muchachos ahora. Ellas demostraron con creces que esa fórmula es efectiva. Por último con el permiso de las familias de ellas podemos decir que tuvieron más pantalones que muchos hombres juntos, esto sin menoscabar su feminidad que indudablemente la tuvieron. Y quizá tuvieron, lo decimos como especulación, un corazón tierno, detrás de ese fuerte carácter que talvez algunas veces palpitaba lleno de ternura. |
| Última actualización el Miércoles 01 de Abril de 2009 05:27 |



