Escribe Elgi Walter Boteo García
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Espero que mis amigos que eventualmente leen estas cuartillas sencillas, mis amigos que son salamatecos hayan conocido a don Castulo, era un personaje que vivía en la salida para Cachil. Su personalidad era presentada en la envoltura de un viejecito delgado, con sombrero de palma y unos lentes tan gruesos que parecían catalejos.No recuerdo haberlo visto nunca sin esas gafas.Cuando oía la palabra ermitañome parecía que el era lo más adecuado para personificar esa definición, tampoco se le conocióesposa y que yo sepa ni hijos. Era propietario de una casa y terreno ubicados en un lugar privilegiado, en orilla de calle, repito en la salida a Cachil. Sabedor de mi afición por la historia y lo antiguo un día me invitó a su casa y me obsequio unas viejas revistas y unas fotos de los ex presidentes Ubico e Ydigoras, me las recomendó como si hubiesen sido los mapas de Piri Reis o las cartas que Don Quijote le mandó a su imaginaria Dulcinea.Se las recibí con la seriedad del caso, que en esos casos así debe ser. Siempre fiel a mi inveterada costumbre de conversar con personas mayores para aprender sobre historia y personajes me contó que durante muchos años estuvo fuera de Salamá trabajando en el ferrocarril en Puerto Barrios luego volvió y pernoctó hasta el final de su vida en su tierra natal.Lo tengo presente con su azadón y su machete trabajando en la casa del Doctor Guillermo Rubén Arriola Batres o en el terreno que el querido galeno tiene en la aldea San Juan. Muy de mañana don Cástulo caminaba hasta San Juancon su azadón al hombro. Es seguro que don Cástulo no leyó El Capital de Marx ni a los pontifices de la economía Hayek yKeynes. Si le mencionaron al Muso Ayau de seguro pensó que era un señor que tenía que estar en un museo y si oyó del sordo Barnoya imagino que se referia al Bar de doña Onoria la de la esquina. No leía nipracticaba los principios del Libro El Rinoceronte, nilas prédicas de Og Mandino, ni leyó Padre RicoHijo Rico, tampoco losSiete Habitos de la Gente Altamente Efectiva. De seguro ni siquiera sabía que eran las charlas motivacionales para ser más activo.Me imagino que no leía artículos donde zurdos y diestros de la politica criolla pontifican sobre lo que hay que hacer para tener un mejor país. Si oyó de neoliberaleslo asoció con el famoso Neobol que los doctores le aplicaban en los raspones y quemaduras que se hacia trabajando y de los socialistas tenía el concepto de que eran los asiduos a bailes sociales, es decir pensó que eran esos parranderos incorregibles a quien en nuestro medio se tilda como “Hojitas de Pacaya” porque antes cualquier fiesta, por sencilla que fuera debería estar adornada con esas hojitas traídas de Purulhá, Pacalá o San Vicente. En fin don Cástulo no era dado a las elucubraciones, no le interesaba si el hombre desciende del mono o del faisán. No leyó a ningún antropólogo sobre sesudas reflexiones relacionadas conlacooperación. La cooperación le sonaba a las “coperechas” de que hablaban los bolitos de la plazuela para juntar las fichas para el octaviano y quitarse la goma. De civismo sólo tenía el amor al himno nacional y los símbolos patrios que le enseñaron en el servicio militar. Si le hubieran dicho que el desarrollo solo se logra con la participación de todos quizálo hubiera asociado con una de las actitudes más loables que tuvo en su vida y fue la de tener durante más de treinta y cinco años la buena voluntad, la energía y las agallas para levantarse todos los días a las tres y media de la mañana con su azadón y una escoba a limpiar de lodo el Puente La Libertad, tarea por la cual jamás recibió un solo centavo y nadie se la pidió. Era un hombre de escasos recursos, pero por esa actividad jamás exigió sueldo, aguinaldo, bono catorce o indemnización o jubilación. De todos modos de esa tarea se jubiló hasta que murió yes seguro que en los confines del universo el Gran Creador de todo le tenía listos los documentos de una buena jubilación sólo para que don Cástulo Pusiera su fierro. Pero es seguro que haya estará tambien barriendo y limpiando la Vía Lactea, La Osa Mayor y otras constelaciones, eso sin que el mero Tatascán delUniverso se lo exija. Para don Castulo Fernández no hubo declaración de Ciudadano Distinguido, ni Hijo Predilecto, ni le dieron las Llaves de la Ciudad, pero el ya se había ganado su ganzúa para ir al paraíso por ser un ciudadano fuera de la común. Porque mientras usted y yonos enchamarrabamos más en la madrugada por el frío o poníamos el ventilador el ya iba a su chamba sin sueldo. Y eso lo hacía aun siendo un anciano deochenta y tantos años. Quizá fue un poeta que gozaba escribiendo estrofas hechas con los cantos de los gallos o se solazaba haciéndole ojo pache a las estrellas o era un enamorado furtivo de la mujer que se bañaba en el río, pero que era un fantasma.Pero al final de cuentas aunque nunca estrecho las manos del siempre sonriente JhonFitzgerald Kennedy si puso en práctica las palabras favoritas de este “No preguntes que puede hacer tu patria por ti, pregunta que puedes hacer tu por tu patria.” El azadón y la escoba de don Castulo Fernández merecen estar en un museo de Salamá. Gracias don Castulo, durante décadas usted contribuyó al ornato de Salamá y nunca pretendió ser candidato ni siquiera a alcalde auxiliar de su barrio San José. ¿No es eso servicio desinteresado?